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      SU AUTOR:
      Carlos Lacomba Verdés
      Educador para la alimentación,
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    17 mayo 2012

    El Cabrero - "Piden tierra y se la niegan".

    En Saliment hablo de mi trabajo y de mi vida; y de vez en cuando, de algunas cosas que me llegan al alma.

    Para muestra, un botón:
     
         

    La canción denuncia el caciquismo en Andalucía, una comunidad en el que el 2% de los propietarios (terratenientes) poseen el 50% de la tierra cultivable.

    ¿No les dará vergüenza?

    Etiquetas: Vídeos

    autor: Carlos Lacomba Verdés    e. permanente |

    15 mayo 2012

    "La herencia recibida".

    Pablo Pérez había heredado de su padre una gran debilidad por los dulces. No importaba que fueran pasteles, bollería, helados, refrescos azucarados... no le hacía ascos a ninguno.

    A instancias de un chequeo médico patrocinado por la mutua laboral de la empresa donde trabajaba, al cumplir los veintitrés años, se le detectó el azúcar bastante alto. Pero desoyendo las recomendaciones de su esposa Carmen, muy aficionada a la alimentación natural, para que limitara la ingesta de dulce, Pablo siguió adelante con su arraigada y peligrosa tendencia.

    A la lista de comestibles de pastelería había que sumar otros tantos hidratos de carbono refinados, como el arroz o el pan blanco, el azúcar del café, o la que contenía el cacao del desayuno, que también ingería con demasiada frecuencia.

    De esta manera, con algo más de tiempo, se le declaró una diabetes que le volvió insulinodependiente. Pero ni siquiera esta grave crisis de salud consiguió disuadirle de la conveniencia de recortar el dulce, así que con el paso de los años esa diabetes devino en un cáncer de páncreas con un pronóstico nada halagüeño.

    Se daba la circunstancia de que Pablo mantenía una gran amistad con Jorge, un científico de primera línea consagrado al Proyecto Genoma, cuyo objetivo era mapear todos y cada uno de los genes de los cromosomas humanos.

    Cierto día, Pablo y Jorge cambiaban impresiones en una conversación:

    Pablo: La verdad es que me siento un tanto responsable por lo que me ha ocurrido. No sé qué va a ser de mí...
    Jorge: ¿Te refieres a lo del cáncer de páncreas?
    P: Sí, así es.
    J: No tienes por qué. Mira, Pablo, recientemente hemos descubierto el gen que desata el cáncer de páncreas. Tú lo has heredado de tu abuelo y de tu padre, quienes también fueron diabéticos, así que tenías muchas papeletas para desarrollar la enfermedad. Pero ten claro que no tienes ninguna responsabilidad sobre ella. Nadie enferma por comer pasteles o por echarle azúcar al café. Eso son tonterías. Tu crisis de salud es debida, únicamente, a la herencia que has recibido. Que nadie te convenza de lo contrario.

    Este relato de ficción que escribí ayer está basado en hechos reales. Se ha cambiado el nombre y algunas circunstancias del protagonista para preservar su anonimato.
    -----------------------------------------------------
    Imagino que algunas personas fácilmente podrían identificarse con el punto de vista del referido protagonista, y creer que el papel de los genes en nuestra vida es del todo determinante. A fin de cuentas, la ciencia moderna está haciendo mucho hincapié en subrayarlo. Sin embargo, además del sentido común, mi propia experiencia profesional me ha llevado a una conclusión muy clara: que los genes, en lo que respecta a las enfermedades, nunca desempeñan un papel determinante. Simplemente, marcan una tendencia, una propensión. Pero para terminar expresándose necesitan un caldo de cultivo apropiado, es decir, unas condiciones favorables.

    La herencia recibida de nuestros antepasados no es la culpable de nuestros males. Bien es cierto que nosotros no elegimos esa herencia. Sin embargo, sí que elegimos cómo la gestionamos. Y el hacerlo adecuadamente, con sabiduría y amor propio, puede permitirnos curarnos en salud, o, por lo menos, salir de una enfermedad cuando ésta ya se ha manifestado. La actitud con la que afrontamos el momento presente es, verdaderamente, el factor determinante.

    Infinitamente más que los genes.

    Etiquetas: Salud, Simbología

    autor: Carlos Lacomba Verdés    e. permanente |

    10 mayo 2012

    Daniel Millán: todo lo que necesites para tu blog o tu web.

    Una cosa es utilizar Internet para comunicarse con los demás, para recabar información o por ocio y otra muy distinta es servirse de la red como una herramienta de trabajo. Y cuando se da el segundo caso, hace falta contar con profesionales cualificados que respondan para que todo vaya bien; y con rapidez por si surgen dificultades.

    Imaginad que vuestro negocio depende de una página web, o que necesitáis enviar cientos de correos a una lista de clientes y es necesario que lleguen todos a sus destinatarios. ¿Os la jugarías con una empresa de hosting o con un informático poco solventes? Seguro que no.

    Después de tener serios problemas con la empresa que gestionaba algunos servicios de mi dominio, decidí cambiar a otra donde pudiera recibir un trato más considerado y donde pudiera contactar con una persona accesible y solvente si tenía dudas o problemas.

    Pues bien, esa persona es Daniel Millán. Un profesional muy recomendable (por eso os lo recomiendo) del que he recibido un trato excelente en todo momento y que ha sabido gestionar mis asuntos de forma diligente y rápida.

    Ahora os dejo con su propia presentación:

    Hola, mi nombre es Daniel Millán y soy programador Web freelance o lo que es lo mismo, programador web autónomo o independiente.

    Después de haber construido infinidad se sitios, con diferentes presupuestos, pensé que en tiempos de crisis, la mejor opción, tanto para empresas que quieren un poco mas de dinamismo, como profesionales de cualquier sector que quieran tener su lugar en la red de manera dinámica, es tener un blog.

    Así que me he profesionalizado en la creación de blogs, de esta manera soy capaz de crear un blog con las necesidades de cada empresa o profesional, incluyendo plugins y demás añadidos que necesite, con posibilidad de añadir funcionalidades en el futuro.

    Los blogs que instalo son WordPress, sencillamente porque desde mi punto de vista son los más versátiles, los que mejor se adaptan a los diversos perfiles, los que tienen mayor número de funcionalidades y sobre todo porque me lo conozco bien.

    Si no tienes dominio ni servidor donde alojarlo, no te preocupes, que yo me encargo de todo. Si tienes dominio, alojamiento y web y quieres añadir o crear un blog, no te preocupes, estudiaré tu caso para ver como integrarlo en tu página.

    Si ya tienes web o blog y simplemente quieres renovarte y darle un aire distinto o añadir más funcionalidades, no te preocupes, también te puedo ayudar.

    Pero esto no acaba aquí, aparte, y esto viene incluido en el precio, te enseñaré cómo crear artículos para tu blog, hacer que se indexen lo más rápido posible en google, te enseñaré cómo debes escribir los artículos para tener mayor relevancia y también te enseñaré todo lo que necesitas para que la persona que se encargue de introducir el contenido, lo haga sin problemas y de una manera fluida.

    Todos los blogs vienen incluidos con herramientas SEO para posicionar el contenido.

    Por otro lado si no te interesa un blog o de momento solo quieres tener una web con información de la empresa, productos, etc. Tambien es posible hacerlo incluso para que mas adelante la misma web te sirva de blog, con lo que tienes dos en uno!

    Recuerda que para una empresa o profesional, ahora es el momento de tener y crear un blog, porque dentro de poco tiempo, todas aquellas empresas y profesionales que no tengan un escaparate donde cuenten el día a día, perderán infinidad de potenciales clientes, ya que la tendencia es buscar por internet información de cualquier tipo de negocio antes de decidir comprar algún producto o servicio.

    Quiero que sepas que mi misión consiste en que al final tengas una web útil para tu empresa, negocio o servicio, que te ayude a conseguir mas clientes, ya que tu éxito es mi éxito, verdad?

    www.danielmillan.es

    móvil: 669 71 30 73 

    Etiquetas: Empresas/organizaciones

    autor: Carlos Lacomba Verdés    e. permanente |

    08 mayo 2012

    Infertilidad masculina: semillas integrales al rescate.

    Desde hace cincuenta años la calidad del semen ha disminuido considerablemente, y en algunas zonas del planeta está alcanzando proporciones pandémicas. En España, sin ir más lejos, casi el 40% de los procedimientos de fecundación artificial obedece a la baja calidad del semen.

    Cuando decimos baja calidad del semen nos referimos, fundamentalmente, a espermatozoides con malformaciones o con dificultad en la motilidad (movimiento), dos factores que dificultan o impiden, según los casos, que se pueda fecundar el óvulo.

    Se sabe a ciencia cierta que, en lo relativo al plano físico, existen toda una serie de sustancias químicas, como restos de pesticidas o ciertos elementos tóxicos que contienen los plásticos los que tienen el potencial de alterar la estructura orgánica del espermatozoide hasta el punto de dejarlo inoperante.

    Los ftalatos son sólo un ejemplo de algunas de estas toxinas que contienen muchos elementos de uso cotidiano, y que fácilmente podemos encontrar en:
    • juguetes para niños,
    • juguetes sexuales (a veces, hasta el 80% del peso total del artilugio),
    • envases de alimentos,
    • impermeables, 
    • mangueras,
    • suelos de vinilo,
    • adhesivos, 
    • esmalte de uñas, 
    • champús para el pelo, etc.
    Aparte de descalcificar los huesos, provocar asma o cáncer de mama, los ftalatos, como otros muchos químicos modernos (cada vez hay más) nos permiten disfrutar de una vida más cómoda, o gozar de una apariencia más atractiva, sí, tal vez... pero pagando un alto precio por ello: el precio de nuestra salud.

    Uno de sus efectos más contundentes, como digo, es que afectan directamente a los espermatozoides, dañando tanto su estructura como la información que contienen en su núcleo (la que posteriormente va a determinar con pelos y señales cómo serán nuestros hijos), de tal modo que pueden llegar a dejarlos completamente inservibles.

    Si yo me pongo a destrozar una casa con un martillo, luego necesitaré toda una serie de materiales para rehacerla, para reconstruirla, para recomponerla: baldosas, ladrillos, cemento, yeso, pintura, etc. Pero si destrozo esa casa y lo único que dispongo para reconstruirla es yeso, ¿pensáis que podré recomponerla debidamente?

    Semen, en latín, significa semilla. Y, como bien sabéis, de lo que se come, se cría.

    Si nosotros, los hombres, nos vemos expuestos a contaminantes que perjudiquen a la calidad de nuestro semen, bien haríamos en seguir un estilo de vida más natural y en mantenernos alejados de aquellos elementos que nos intoxiquen, sustituyéndolos por otros más naturales. Eso parece lo más lógico y razonable. A fin de cuentas, siempre es mejor prevenir que curar. Pero si el daño ya está hecho, las semillas integrales (cereales integrales, frutos secos, semillas, germinados, etc.) nos pueden ayudar muchísimo a regenerar nuestros espermatozoides.

    Una semilla refinada, como lo es el arroz blanco, o el pan blanco (hecho con semillas refinadas), no sólo es que no aporta nutrientes al organismo sino que se los roba. Esto es lo dramático, y lo dañino.

    Como decía antes, sería ridículo pretender restaurar una casa destrozada sólo con yeso, pues hacen falta otros muchos materiales para que quede en óptimas condiciones, tanto estéticas como funcionales. Y tres cuartos de lo mismo ocurre con nuestro organismo: hacen falta alimentos integrales para que nuestro cuerpo sea capaz de recuperar su integridad. E, igualmente, harán falta semillas integrales para que si un hombre tiene dañados sus espermatozoides sea capaz de contar con la materia prima que le permita regenerarlos.

    Es la misma historia de siempre: nuestro estilo de vida moderno, en el que prima la comodidad, la búsqueda del placer y los intereses económicos, en muchos casos, termina por pasarnos factura. Y, como de costumbre, la Naturaleza, que jamás se prostituye, y que no alberga en sí misma ningún afán de lucro, es la única capaz de acudir a nuestro rescate.

    Tal cual una buena madre haría con sus hijos.

    Etiquetas: Alimentación, Salud

    autor: Carlos Lacomba Verdés    e. permanente |

    07 mayo 2012

    Taller para aprender a perder peso de forma natural

    A lo largo de casi veinte años de experiencia profesional he tenido numerosas oportunidades de comprobar cuál es el trasfondo del sobrepeso (mucho más fácil de entender de lo que parece) y cómo en la sociedad actual existe un enorme negocio, muy lucrativo, que propone distintos remedios temporales para superarlo, pero no verdaderas y definitivas soluciones.

    En torno al tema de la pérdida de peso sucede que es más rentable distraer a la gente con dietas milagrosas o con productos caros (que, supuestamente, te permiten perder peso sin hacer nada) que enseñar a las personas a alimentarse de una forma equilibrada y saludable.

    Obviamente, si una persona aprende a alimentarse de forma equilibrada y saludable, se volverá autónoma, independiente, por lo que ya nunca más tendrá que hacer dietas, ni comprarse libros de recetas, ni malgastar dinero en productos caros. ¡Pero una persona así no es rentable para la gran industria!

    Existen tres razones esenciales por las cuales algunas personas adquieren sobrepeso:
    1. ACTITUDES DAÑINAS. La principal razón, y la más importante, son las actitudes dañinas. Podríamos resumir diciendo que serían todas esas formas de actuar o de pensar que le sobran a la persona por cuanto que son contraproducentes (tóxicas). Actitudes, además, que constituyen una sobrecarga para el individuo y que van íntimamente ligadas al miedo.
    2. NO COMBINAR ADECUADAMENTE LOS ALIMENTOS. El hacerlo adecuadamente obedece a unas reglas muy concretas que se saben o no se saben, y el saberlas es imprescindible para evitar ciertas combinaciones que generan toxinas y, en última instancia, engordan.
    3. SEGUIR CIERTOS HÁBITOS INADECUADOS.
    Para perder peso:
    • No hace falta pasar hambre ni pesar lo que vamos a comer.
    • No hay que hacer dietas.
    • Ni, necesariamente, privarse de lo que a uno le gusta.
    • No hace falta estar todo el día bebiendo agua para eliminar toxinas.
    • No hay que calcular calorías.
    • No hay que recurrir a alimentos que adelgazan ni a complementos dietéticos (como la lecitina).
    Para perder peso de una forma natural, saludable y equilibrada hace falta:
    1. Corregir esas actitudes que nos condicionan y que constituyen una sobrecarga en nuestras vidas.
    2. Combinar adecuadamente los alimentos.
    3. Modificar ciertos hábitos de vida.

    Próximo taller: sábado 12 de mayo 
    en Ecorganic Office
    Horario: de 10:30 a 14 h.    Precio: 35 €
    Reserva tu plaza llamando al 669 542 765

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    Etiquetas: Eventos

    autor: Carlos Lacomba Verdés    e. permanente |

    04 mayo 2012

    ¿Se está desmoronando nuestro Estado de Derecho?

    No tengo nada en contra de las leyes, siempre y cuando se fundamenten en la justicia, en el respeto y en la solidaridad entre las personas. La anarquía (literalmente, sin gobierno) me parece una idea en principio atractiva, pero harto difícil de llevar a la práctica en el mundo en que vivimos, porque para que una sociedad pudiera prescindir de un gobierno sus ciudadanos tendrían que hacer gala de una extraordinaria madurez. Es decir, tendría que darse la premisa poco probable de que fueran capaces de vivir en paz y en armonía los unos con los otros. Pero sin esta condición indispensable se hacen necesarias leyes que regulen la vida social y autoridades que velen por el cumplimiento de las mismas.

    En este contexto, el estado de derecho se crea cuando toda acción social y estatal encuentra sustento en la ley; es así que el poder del Estado queda subordinado al orden jurídico vigente y es eficaz cuando se aplica en la realidad a través de sus órganos de gobierno, creando así un ambiente de respeto absoluto del ser humano y del orden público.

    En nuestro país, son principios básicos, por ejemplo:
    • la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley,
    • el derecho a una vivienda digna y a tener un trabajo,
    • el derecho a una sanidad gratuita y de calidad,
    • el que nadie pueda ser discriminado por su credo, raza, sexo o religión;
    • la posibilidad de manifestarnos pacíficamente, etc.
    Históricamente, el surgimiento y la proclamación del Estado de Derecho surgen como oposición explícita al Estado Absolutista (podemos reconocer un ejemplo precursor del Estado de Derecho en la constitución inglesa del siglo XVII), y lo largo de más de tres siglos dicho esquema de organización social ha ido evolucionando, perfeccionándose y ganando terreno en el mundo frente a los totalitarismos, las dictaduras y otras miserias humanas.

    Sin embargo, en el momento presente, y en el contexto de la gran crisis (oportunidad) mundial que azota el planeta, estamos asistiendo a lo que podría llegar a ser el desmoronamiento de nuestro estado de derecho. Eso que con tanto esfuerzo y sacrificio se ha ido conquistando a lo largo de muchas generaciones.

    Esos principios fundamentales que he esbozado anteriormente, y que constituyen el basamento del Estado de Derecho, parece que veladamente (para poder hacerlo legalmente el Gobierno de España tendría que contar con la autorización del Congreso de los Diputados) se estén viendo sustituidos por los principios propios de un Estado de Excepción, en el cual, por ejemplo:
    • se puede recurrir a la detención preventiva sin orden judicial,
    • se suspende el secreto en las comunicaciones,
    • se puede suspender, también, la libre circulación por el territorio;
    • se pueden prohibir las manifestaciones, etc.
    A este respecto, y no sin cierto estupor, leí hace cuatro días que el Gobierno había decidido blindar nuestras fronteras contra los indignados europeos, contraviniendo el tratado de libre circulación de la Unión Europea (Acuerdo de Schengen). Luego, esta misma mañana, voy y leo en la prensa nacional que una unidad de élite de la policía investiga a los líderes del 15-M. Pero es que en esa misma noticia se detalla que la policía reconoce estar vigilando y controlando redes sociales como Facebook o Twitter. A lo que me permito recordaros que en el mes de febrero la propia Policía Nacional reconoció, envuelta en una polémica, haber abierto una investigación interna para esclarecer si nueve miembros del 15-M arrestados tras una manifestación contra la reforma laboral fueron interrogados por agentes encapuchados. Increíble pero cierto.

    Por supuesto, no hace falta que recuerde que hace una semana el Gobierno aprobó un paquete de reformas del Código Penal en virtud de las cuales podrían ir a prisión individuos que se resistan a la autoridad (aunque lo hagan de forma pacífica), o que convoquen manifestaciones en las que posteriormente cuatro vándalos provoquen disturbios o destrozos, con lo cual, emblemáticos personajes como por ejemplo Gandhi, Nelson Mandela o Martin Luther King podrían, con nuestro reformado Código Penal en la mano, ir a la cárcel.

    Desde luego, yo no quisiera estar en el pellejo de un policía que reciba la orden de su superior (que, a su vez, la recibiría de su superior) de tener que cargar a porrazos contra unos veinteañeros que no se quieren levantar del suelo en protesta por no tener calefacción en su instituto. Porque si tienes que mantener a una familia, ¿qué haces? ¿Dejas la porra y te arriesgas a perder tu empleo?

    Obviamente, un policía tiene el deber de obedecer una orden. ¿Pero qué ocurre si esa orden es injusta? ¿Qué ocurre si descubres entre los jóvenes a tu propio hijo? ¿Le aporreas? ¿Qué ocurre si, so pretexto de hacer cumplir la ley vigente, se están protegiendo los intereses de unos pocos y no los derechos fundamentales de los ciudadanos?

    Movimientos como el 15-M gozan de la simpatía y el amparo de un sector mayoritario de la opinión pública, y dada la ardua y desafiante coyuntura socioeconómica que estamos viviendo, cada vez son más los ciudadanos que se suman a esta causa, cada vez son más las voces que corean juntas en las manifestaciones y cada vez son más las acciones conjuntas que se emprenden (por ejemplo, las movilizaciones contra los desahucios). El fenómeno de Internet y de las telecomunicaciones ha permitido que, hoy más que nunca, el pueblo esté muy informado y facultado para re-unirse muy fácilmente.

    Detrás del endurecimiento de la ley, de los recortes sociales y de la represión policial hay mucho miedo. Miedo, no ya del Gobierno, de los gobiernos, sino del gran capital que les financia y controla, de esa élite oligárquica, dueña de las grandes corporaciones transnacionales y de los bancos, que ve en las masas indignadas, cada vez más empoderadas, una seria amenaza para sus egoístas y avaros intereses. El interés de quienes anteponen el dinero y el poder a la dignidad humana. El interés de quienes logran enriquecerse a costa del empobrecimiento de las personas. El interés de quienes no vacilan en esquilmar los recursos naturales, contaminar el planeta, enfermar a las personas con sus tóxicos e idiotizar a las masas con la telebasura y la industria del ocio.

    Sí, miedo, de que en Europa y en el resto del mundo ocurra lo que ha ocurrido en Islandia, en la que parafraseando a Paul Krugman:

    ...dejaron quebrar a los bancos, pusieron en prisión a los banqueros y especuladores que practicaron desfalcos, reescribieron la constitución, garantizaron la seguridad social para evitar el colapso generalizado y consiguieron crear empleo. Consecuencia: el país salió del atolladero y es uno de los países nórdicos que más crece. El camino islandés ha sido silenciado por los medios de comunicación de masas mundiales por temor a que sirva de ejemplo a los demás países.

    Etiquetas: Varios

    autor: Carlos Lacomba Verdés    e. permanente |

    29 abril 2012

    "In Time", de Andrew Niccol.

    Los que ya me conocéis un poco sabéis que soy un gran aficionado a la ciencia-ficción, lo cual me predispone para ver cualquier película de este género con buenos ojos. Así y todo, la película que hoy os comento, no la colocaría en el top ten de mis preferidas, pero sí que tendría un hueco en el top fifty.

    La puesta en escena de In Time me recordó un poco a la de Gattaca, porque sin ser un largometraje con un presupuesto elevado, han manejado éste hábilmente, recreando algunos detalles de esa sociedad futura con bastante imaginación.

    El filme en cuestión, protagonizado por Will Salas (Justin Timberlake), nos sitúa en un futuro cercano en el que la ciencia ha encontrado una fórmula para que el ser humano pueda llegar a vivir indefinidamente. Sin embargo, para evitar el inconveniente de la superpoblación que ello podría comportar, se instala de nacimiento un dispositivo a cada ser humano, una especie de reloj biológico que, a su vez, sirve como moneda de cambio en una sociedad en la que no existe el dinero... sino el tiempo. Y, por cierto, ningún ser humano aparenta más de 25 años.

    Merced a este planteamiento, las personas compran bienes y servicios a cambio de perder tiempo de su reloj biológico; y trabajan o comercian para ganar tiempo, esto es: vida.

    Me resultó particularmente interesante la película, y por eso la comparto aquí con vosotros, porque se pueden establecer muchas similitudes con ese mundo de ficción y nuestra sociedad actual. Un mundo en el que los ricos viven a cuerpo de rey (a costa de los pobres), pues ostentan la mayor parte del tiempo; y donde los pobres, una vez más, tienen que vivir condenados a trabajar frenéticamente para poder ganar tiempo biológico y así poder sobrevivir.

    A lo largo de la geografía planetaria de ese mundo futuro se establecen distintas zonas horarias, a modo de lujosas áreas residenciales delimitadas por fronteras fuertemente custodiadas y alejadas de los guetos, donde conviven estresadamente los pobres, que apenas tienen tiempo para sobrevivir.

    ¿Pero qué pasaría si uno de esos pobres, accidentalmente, recibiera una fortuna en tiempo y pudiera acceder a una de las áreas residenciales de los ricos?

    Pues para conocer la respuesta a esta pregunta hará falta que veáis la película. Comprenderéis que no la voy a desvelar aquí.

    Ya os digo: sin ser una de mis películas preferidas en el maravilloso género de la ciencia-ficción, me cautivó enormemente por la trama, bastante ingeniosa y excitante, y por lo que me hizo pensar a posteriori. Porque al final de verla, como os he dicho, me pregunté: ¿Realmente hay tanta diferencia entre ese mundo de ficción y el nuestro?

    Yo, desde luego, diría que no.

    Etiquetas: Películas

    autor: Carlos Lacomba Verdés    e. permanente |

    25 abril 2012

    Los comestibles refinados y la diabetes

    Lo he comentado en muchas ocasiones y de forma muy distinta, pero al final el mensaje es el mismo: los comestibles refinados perjudican seriamente a la salud. Lo que sucede con ellos es que enferman tan lentamente que no es probable que alguien llegue a establecer una relación causa-efecto entre ellos y las enfermedades y achaques que producen. 

    Denominamos veneno a una sustancia cuando ésta es capaz de producir graves alteraciones funcionales en el organismo, o incluso la muerte. Pero cuando algo mata muy lentamente, ¿también deberíamos denominarlo veneno? Por ejemplo: ¿consideráis el tabaco un veneno? Y, si es así, ¿por qué no considerar igualmente un veneno al arroz blanco o al azúcar refinado?

    Comestibles refinados son:
    • azúcar blanco (y los comestibles o bebidas que lo contienen),
    • pan blanco,
    • arroz blanco,
    • pasta refinada,
    • harinas blancas...
     Conviene recalcar y tener muy presente que la Naturaleza no da comestibles refinados, da alimentos integrales. Y, por lo tanto, eso es lo natural y lo saludable: comer alimentos integrales, no comestibles refinados.

    Cada vez que el ser humano, comoquiera que sea, se distancia de la Naturaleza y de sus leyes (exactamente iguales para cada ser viviente del planeta) paga un precio por ello. Tanto mayor dicho precio cuanto más acentuado sea ese distanciamiento.

    El acto de refinar los alimentos que nos ofrece la Naturaleza, ya sea para retrasar su deterioro, para que se conserven mejor o para que se puedan cocinar más rápidamente supone alterar el delicado y complejo equilibrio que poseen, con todo lo que esto conlleva, como la merma en la cantidad y en la calidad de nutrientes que contiene. Pero ya no se trata de que el comestible no nos aporte nutrientes, lo grave es que nos los roba de nuestro organismo. Precisamente, todos aquéllos que se le han robado a él mediante el proceso de refinado.

    En el caso de los hidratos de carbono refinados (pan y arroz blancos, pasta refinada, etc.), otro elemento esencial que conviene tener en cuenta es la rápida absorción de los azúcares en el intestino delgado, lo que comportará un aumento, a veces drástico, del índice glucémico (azúcar) en sangre.

    Cuando nosotros comemos un plátano maduro, que es muy rico en azúcares, lo comemos acompañado de su fibra, y esto permite que se sus azúcares, cuando alcanzan el intestino delgado, se absorban progresivamente y no de golpe, con lo cual el páncreas puede realizar su trabajo normalmente, sin verse forzado.

    El páncreas, como cualquier otro órgano del cuerpo humano, está capacitado para realizar sobreesfuerzos puntuales sin que ello suponga un problema. Pero si ese sobreesfuerzo es tan continuado como para convertirse en una tendencia cotidiana al final terminará resintiéndose, e incluso colapsando.

    A todo esto, subrayo: este órgano vital se ve forzado a trabajar de lo lindo cada vez que comemos un plato de pasta refinada (máxime, si ésta no se acompaña de verduras), de arroz o de pan blanco; y ya no os cuento si lo que ingerimos es azúcar blanco o cualquiera de los comestibles (como bollería industrial o dulces) que la contienen.

    Y os podéis imaginar lo que le ocurrirá al páncreas después de años de, día tras día, tener que segregar insulina para contrarrestar los altos índices de azúcar en sangre que provocan estos comestibles: pues que al final el páncreas se cansa (páncreas vago), y fácilmente puede terminar dejando de producir insulina. Así de simple; y de dramático.

    Sin embargo, todo esto podría evitarse en buena medida ingiriendo alimentos integrales, los cuales, entre otras muchísimas ventajas, nos ayudarán a regular la tasa de azúcar en sangre, cuidando y mimando a nuestro páncreas.

    ¿O es que no se lo merece?

    Etiquetas: Alimentación, Salud

    autor: Carlos Lacomba Verdés    e. permanente |

    23 abril 2012

    MIS PRÓXIMOS TALLERES DE ALIMENTACIÓN


    TALLER PARA APRENDER A
    COMER EQUILIBRADAMENTE

    Fecha: sábado, 5 de mayo.
    Lugar: Ecorganic Office (calle Jesús, 25, ver mapa)


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    TALLER PARA APRENDER A
    PERDER PESO COMIENDO

    Fecha: sábado, 12 de mayo.
    Lugar: Ecorganic Office (calle Jesús, 25, ver mapa)

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    Etiquetas: Eventos

    autor: Carlos Lacomba Verdés    e. permanente |

    18 abril 2012

    Pedir disculpas

    Desde cierto punto de vista, todo es perfecto. Y desde cierto punto de vista, también, es perfecto todo lo que hacemos. Sí... puede ser; tal vez. Y quizá desde ese punto de vista una palabra como equivocación no tenga razón de ser. Sin embargo, en la interacción con otras personas, es fácil que en determinados momentos los seres humanos podamos hacer o decir cosas que hagan daño a alguien. Y creo, modestamente, que ese no sería el mejor momento para decirle a un semejante algo del tipo Como todo lo que hacemos es perfecto y no existen las equivocaciones, no hace falta que me disculpe. Sinceramente, creo que a pocas personas les gustaría una contestación así.

    Dejando atrás lo muy etéreo para ir un poco más a lo terrenal, yo sí que creo en el concepto de equivocación. En lo que no creo es en el concepto de culpa. Ése sí que es dañino a más no poder. Mejor, pienso yo, sustituirlo por el de responsabilidad.

    Para mí equivocación implica tomar conciencia de que existe un camino mejor, más armónico, y más amable para con los demás, a la hora de hacer o de decir algo. Implica, como digo, tomar conciencia de ello, y, por supuesto, actuar en consecuencia.

    Es decir, que si yo me doy cuenta de que he hecho o he dicho algo que ha dañado, perjudicado o perturbado la armonía de alguien, ¿qué me cuesta reconocerlo y a continuación pedir disculpas? Nadie se muere por ello, os lo aseguro. Pero el orgullo... el orgullo sí que mata.

    No es que yo necesite y reclame el perdón de la otra persona al disculparme; no, no se trata de eso. Simplemente, reconozco ante ella que mi gesto no ha sido el más adecuado, y le hago partícipe de mi sentimiento de conmiseración, del que conlleva ponerme en su piel. Si le digo Lo siento, y lo digo de corazón, le estoy dando a entender que soy capaz de sentir algo por esa persona, y que lamento que sufra por algo en lo que yo estoy involucrado, o por una acción en la que yo he sido sujeto activo. Esto, en mi opinión, y dicho sea de paso, no está reñido con la idea de que el sufrimiento tiene más que ver con el modo en que interpretamos la realidad que con lo que los demás nos hacen. Ahora bien, lo que me parecería descabellado, e incluso de mal gusto, es que yo le hiciera una trastada a alguien y luego le dijera algo como Si sufres es porque quieres, por tu forma de interpretar la realidad.

    A mí me parece que la bondad y la solvencia de un método puede ser evaluada, de una forma fidedigna, por los resultados que dicho método produce, y a tenor de esto puedo decir que cuando yo he metido la pata, o como consecuencia de mis actos alguien ha sufrido, y he pedido disculpas, a la otra persona siempre le ha venido bien ese gesto, incluso muchas veces me lo han agradecido vivamente. Asimismo, he podido constatar que la otra persona se siente mucho más aliviada, y gratificada, si me disculpo que si no lo hago.

    En realidad, muchos disgustos entre personas sobrevienen cuando la que ha metido la pata no es capaz de disculparse. Entonces es fácil que la otra parte se sienta resentida y busque, de un modo u otro (a menudo, de forma abrupta), que el primero reconozca su responsabilidad, o, por lo menos, que dé alguna explicación. Pero cuando alguien es capaz de disculparse, ¿qué cabe reprocharle? Desde luego, no que no se haya disculpado. De todo menos eso.

    Creo que a la mayoría de personas lo que nos indigna es la falta de consideración, o sea, que no nos consideren, que no nos tengan en cuenta, que los demás actúen como si no existiéramos... pensando únicamente en sí mismos. Como los bancos, muchas multinacionales o ciertos gobiernos, por poner unos pocos ejemplos.

    No sé... imaginemos, puestos a imaginar, que yo soy el Rey de España y que me voy a cazar elefantes (a más de 40 mil euros la pieza) cuando en mi país hay más de cinco millones de parados. Hombre... pues... en fin... como que todo es perfecto... sí... ya... claro... desde cierto punto de vista. Pero también es un desatino, y un insulto a todas esas familias que no tienen ni para comer.

    Entonces... siguiendo con la imaginación... si el tema sale a la luz y se vuelve vox populi porque resulta que me rompo la cadera... pues tengo dos opciones: disculparme o no disculparme.

    Por supuesto, el que me disculpe no va a resucitar a los elefantes, ni va a borrar de la mente de mis compatriotas los desafortunados hechos acaecidos, claro que no, pero por lo menos nadie podrá decir de mí que no me he disculpado... realmente.

    A todas luces, si la persona que se disculpa no lo hace de corazón (cada uno sabrá mejor que nadie si es así o no), por lo menos podremos decir que el que se haya disculpado es un acto inteligente, pues, seguramente ese gesto le ahorrará unos cuantos quebraderos de cabeza.

    Vamos, seguro.

    Etiquetas: Crecimiento personal

    autor: Carlos Lacomba Verdés    e. permanente |

    13 abril 2012

    Una enfermedad llamada "capitalismo"

    Después de un par de años de crisis, constato en el tablero del Monopoly que, una vez más, la banca gana. Es decir, sus altos ejecutivos financieros, con el beneplácito y la velada connivencia de los gobiernos a los que amamantan, en una grotesca orgía de lujuria y desenfreno, se han atrevido a jugarse nuestro dinero a la ruleta. Se lo han jugado y han perdido. Pero no pasa nada, porque nuestros gobiernos-títeres han acudido prestos a su rescate. ¿Que cómo? Pues robándonos a los ciudadanos, y apretándonos las tuercas hasta casi la asfixia para que la banca siga ganando a nuestra costa.

    Patético, ¿verdad? Pero tan cierto como la luz que nos alumbra. Y todo gracias a nuestra mirada indolente, a nuestra pasividad.

    Las altas esferas se ríen en nuestras narices. Con gesto serio y circunspecto, eso sí, guardando bien las apariencias, nos hablan de recortes y de apretarnos el cinturón, pero la élite que maneja los hilos ni recorta gastos ni se aprieta el cinturón. Hasta ahí podrían llegar. Es más, la crisis está sirviendo para que los muy ricos lo sean aún más y los pobres se empobrezcan irremisiblemente hasta la indigencia.

    Bien es cierto que, por ejemplo, se ha disparado la venta de coches de segunda mano, o de utilitarios pequeños. Tan cierto como que en los últimos dos años se ha multiplicado la venta de automóviles de lujo. Curioso, ¿no? Y es que la crisis es un negocio redondo para unos pocos. Para una élite obscena, como digo, cuyo devenir discurre inevitablemente adherido a la más absoluta inmoralidad. Una inmoralidad que, en esencia, no es otra que la de aprovecharse del más débil y del más ignorante para que una oligarquía de opulentos tiranos puedan vivir a cuerpo de rey.

    Recordemos por un instante lo que supuso la entrada de España en el euro. Esa moneda tan atractiva y moderna que llegaba a nuestras vidas para sustituir a la vieja y trasnochada peseta. ¡Ya éramos europeos con todas las de la ley! Y una nueva era de riqueza y prosperidad nos esperaba. ¡Ja!

    No hacía falta calculadora para darse cuenta, a los pocos meses de la implantación de la moneda única europea, de que una lechuga que valía 60 pesetas no iba a ser redondeada a 60 céntimos de euro (100 pesetas) sino a 1 euro (166 pesetas; o sea, más del doble del precio original). Así, sin más, y de la noche a la mañana. Claro que los sueldos no subieron tanto como el euro. Ni mucho menos. O sea, que la mayoría de los españoles, de la noche a la mañana, perdimos una gran parte de nuestro poder adquisitivo (o dicho de otro modo: pasamos a ser más pobres). Pero, obviamente, los grandes empresarios que llevaron a cabo ese indecente redondeo se hicieron considerablemente más ricos... también de la noche a la mañana.

    Entonces, vamos a ver, si yo no estoy mal enterado, vivimos en una economía de mercado, de mercado libre, me refiero, en la que uno, desde la iniciativa privada, puede vender productos y servicios al precio que le dé la gana, ¿no? Por ejemplo: yo tengo un capital y decido invertirlo en un concesionario de coches, y me pongo a vender coches de lujo. Bueno... bien... pues no pasa nada. Estoy en mi derecho. Ahora bien, imaginemos que soy el dueño de una empresa privada que se llama Metrovalenciano. Es decir, un servicio público de primera necesidad. Total, que esta empresa un buen día decide que el precio del billete es de 1,45 €. Y al cabo de seis meses lo sube a 2 €. O sea, que para desplazarme de mi casa al centro, distante tres quilómetros, ida y vuelta, tengo que desembolsar, ¡más de quinientas pesetas!

    Luego decido comprarme una vivienda en la que poder vivir cómodamente pero sin lujos, y me doy cuenta, cuando me pongo a ello, de que las más baratas rondan los 150.000 €. Y si yo (supongamos) tengo un sueldo de 800 €, ¿cómo lo hago? Pero yo tengo derecho a una vivienda digna, ¿no? Lo dice la Constitución.

    Luego, voy a comprar al supermercado, para satsifacer otra de mis necesidades básicas (comer), y descubro que una lechuga vale más de 166 pesetas, o un quilo de tomates más de 400 pesetas, o uno de pescado, ¡más de 2000 pesetas!

    Luego, el médico me dice que tengo que operarme, pero que hay lista de espera. De tal modo que tengo que esperar seis meses. Pero claro, ¿cómo le digo yo a mi enfermedad que se espere seis meses? Total, que decido ir a un médico de pago, el cual me pide varios miles de euros por curarme, incluyendo el quirófano, los medicamentos y la estancia en el hospital.

    Y si tengo un par de hijos que mantener, ¿cómo lo hago?

    En suma, que en esta sociedad de mercado libre el estado me dice que tengo derecho a comer, a tener un trabajo (y poder desplazarme hasta él), a una vivienda digna, a una sanidad ágil y de calidad... Pero luego tengo que pagar a empresas privadas por todo ello. A empresas que no son ONGs y cuyas consignas acostumbran a ser: Mínima inversión, máximo beneficio. Así pues, ¿dónde queda la ética en todo este planteamiento? ¿Dónde queda la dignidad del ser humano? Porque yo no las veo ni con lupa.

    Vaya, vaya...

    Entonces, ¿dónde está el estado que me protege y que me ampara? Porque a mí me da la impresión de que le estado me quiere por el interés, para que yo le pague... por casi todo. Pero si yo le necesito... eso ya es otra historia. ¡Y ahora que no se me ocurra convocar una manifestación por Internet para quejarme y presionar! Porque con la nueva reforma del código penal en la mano... ¡podría ir a la cárcel!

    O sea, tengo que pagar impuestos sin rechistar. Tengo que pagar unos altos precios por cubrir mis necesidades más básicas. Y si además me apetece ejercer mi derecho a manifestarme, puedo ir a la cárcel. ¿Habéis leído la novela de George Orwell 1984? No sé por qué pero me ha venido a la cabeza ahora mismo...

    Entonces, a poco que uno se fije bien, todo esto de la democracia y del estado del bienestar es una estafa, un cuento chino, una sucia y vulgar mentira. No hay más que abrir los ojos y darse cuenta de lo que nos rodea y de cómo funcionan las cosas.

    Si dirigimos la mirada hacia Estados Unidos, por ejemplo, podremos observar cómo este modo de vida consistente en un capitalismo exacerbado se impone a la población de forma despiadada. Ya sabéis que allí hay que pagar por ser atendido en un hospital, por ir al médico o por los medicamentos. Y, si no, te mueres. Así de sencillo. Pero tan cierto como que la mayoría de sus universitarios se endeudan hasta las cejas antes de acabar la carrera. Allí, más que en ningún otro sitio, tanto tienes, tanto vales. Y si no tienes nada, no vales nada. Y digo yo: una buena forma de medir el grado de humanidad de una nación, ¿no es comprobando cómo trata a sus ciudadanos más desfavorecidos, a los más débiles, a los más pobres?

    Si un gobierno, como el nuestro, es capaz de conseguir fondos para comprar equipamiento militar, ¿cómo es que no puede favorecer a un ancieno de más de setenta años que va a ser desahuciado de su casa por no poder pagar al banco? ¿En qué clase de sociedad nos estamos convirtiendo? ¿Por qué no se nos cae la cara de vergüenza ante tamaño escándalo? Vivimos en un mundo que denominamos libre (y se nos llena la boca cuando lo decimos), ¿pero qué libertad, de elegir, tiene una persona anciana que va a ser echada de su casa por no poder hacer frente a los pagos? ¿Qué opciones tiene?

    ¿Sabéis lo que creo?, pues que me parece muy evidente que en nuestra sociedad, en general, y en España, en particular, existe en las altas esferas un interés rayano en lo patológico por controlar a las personas, al pueblo. Por supuesto, para ganar dinero. Y ese control se ejerce asustando a la gente, insuflándoles el miedo, y quitándoles la esperanza y la confianza en sí mismos. Porque una nación en la que sus ciudadanos sean personas educadas, sanas y confiadas es mucho más difícil de gobernar que otra donde la gente sea ignorante, desconfiada, temerosa y no tenga salud.

    Los bancos y las multinacionales, a través de los gobiernos que financian y dirigen en la sombra, ganan dinero cada vez que nos volvemos dependientes de ellos, cada vez que enfermamos, cada vez que desconfiamos de nuestro potencial personal y cada vez que sentimos miedo. Por eso comprendo que ahora, en esta crisis global que nos azota, más que nunca, lo que predomina es una estrategia institucional para bombardearnos con todo tipo de consignas que fomenten el miedo, implementar recortes en los servicios más elementales (educación/salud) e instilar una creciente represión para evitar a toda costa que el pueblo salga a la calle y se rebele.

    La solución de todo esto tendrá lugar cuando el pueblo (nosotros) comprenda el verdadero significado de la palabra democracia y se haga con el poder (¿mediante una revolución?). Es el pueblo el que tendría que controlar al gobierno y no al revés. Es el pueblo el que tendría que disponer libremente de su legítimo patrimonio (suelo, agua, energía), en vez atesorarlo unas pocas multinacionales que sólo pretenden desangrarnos. Es el pueblo, y los ciudadanos que lo conforman, quienes tendríamos que unirnos para hacernos fuertes. Unirnos, cooperar, compartir, solidarizarnos los unos con los otros, reivindicar el uso y disfrute de nuestras riquezas y aspirar a que todos podamos vivir cómoda y prósperamente, y no sólo unos pocos.

    A todas luces, grandes desafíos nos esperan... a la vuelta de la esquina.

    Etiquetas: Ensayos

    autor: Carlos Lacomba Verdés    e. permanente |

    10 abril 2012

    Suavizar y espaciar los picos de los enfados

    En algunos de los ambientes en los que me muevo está mal visto enfadarse. Parece cosa poco espiritual. Algo impropio de una persona evolucionada (me hace gracia esta expresión) y madura. Algo que fácilmente podría hacerle perder a uno su buena reputación de ser elevado (también ésta me hace mucha gracia). Sin embargo, existen pocas cosas más dañinas para la salud que experimentar ira, rabia o enfado... y no expresarlo. Eso sí que es algo poco espiritual.

    Estaba pensando... si he conocido a alguien en mi vida que no se enfadara jamás. Mmmm... creo que no. Ahora bien, sí que he conocido a personas que no se enfadaban, prácticamente, nunca, pero muchas de ellas terminaban haciéndolo con tremendas explosiones de ira. Algo que ponía de relieve una represión acumulada a lo largo del tiempo que, más tarde o más temprano, como cualquier impulso de envergadura que se reprime, tiene que manifestarse.

    Si hablamos de enfadarse, tal vez la primera pregunta que podríamos hacernos para comprender mejor este fenómeno humano sería, ¿de dónde surge un enfado?

    La causa del enfado es siempre la incomprensión. Es decir, la persona se encuentra ante un hecho que no comprende... y que le atañe directamente, o muy de cerca. Un hecho que no comprende y ante el cual se rebela. Por ejemplo:

    Podemos tolerar que un niño de cuatro años raye una pared con un rotulador. Porque comprendemos de antemano que no tiene suficiente conciencia, y porque comprendemos, también, que en el fondo no tenía intención de hacer ningún daño. Por consiguiente, será muy probable que no nos enfademos con él, o que si lo hacemos sea de un modo suave y pasajero, simplemente para aleccionarle.

    Por contra, será fácil que nos enfademos si alguien nos raya la pintura del coche, o si descubrimos a nuestra pareja besando cariñosamente a un desconocido, o si la alcaldesa de nuestra ciudad decide no recortarse el sueldo, y que éste sea ocho veces la media del de sus conciudadanos.

    ¿Y por qué nos enfadamos ante estos hechos?

    De un modo consciente, porque son situaciones que nos parecen indignas, impropias, y porque nos salpican directamente. Pero de un modo inconsciente nos enfadamos porque no alcanzamos a comprender las razones profundas que le llevan a alguien a actuar de un modo desconsiderado con los demás. Porque si comprendiéramos perfectamente por qué alguien hace algo difícilmente acontecería el enfado.

    Así y todo, existe otro factor casi omnipresente en los enfados: los traumas de la infancia. O sea, esas situaciones vividas de pequeños que nos hicieron daño, que nos causaron dolor, que nos humillaron, que sentimos (consciente o inconscientemente) como injustas, y que tuvimos que sufrir en nuestras carnes sin pretenderlo en absoluto. Situaciones que dejaron una huella (una herida) que de no cicatrizar perfectamente sería previsible que se reavivara si de adultos experimentamos situaciones similares.

    Desde luego, todo problema (o reto) tiene una solución. Y la mejor solución para sanar las heridas y evitar de raíz la ira y los enfados es crecer en la autoestima y ganar en comprensión y madurez.

    Si yo miro a mi pasado, observaría en él todas las papeletas para tener un carácter marcadamente irascible. Y, de hecho, podría decir que ya hacia el final de mi adolescencia pude experimentar en mí mismo esta tendencia a enfadarme con cierta facilidad. Aunque quizá nunca haya sido esta faceta un rasgo distintivo de mi carácter. No, sinceramente, creo que no.

    El transcurso del tiempo ha ido puliéndome y forjando mi persona, de tal modo que hoy por hoy podría afirmar que mis enfados, en general, son más suaves y bastante más espaciados que en el pasado. La cuestión es: ¿sería una aspiración razonable el no enfadarse nunca?

    La verdad es que no creo que sea algo imposible. Pero claro, tal cosa requeriría una desacostumbrada madurez, una tremenda autoestima, una gran comprensión hacia todos y hacia todo, haber sanado todas las heridas del pasado, haberse reconciliado con todos los coprotagonistas de esas heridas... y haber alcanzado una mayúscula paz interior.

    Por de pronto, cultivo una noble aspiración: mantenerme en una tendencia que implique, cada vez más, espaciar esos picos de enfado, de ira o de rabia, y que también cada vez más dichos picos sean menos altos (menos marcados) y más redondeados (más suaves). Y, bueno... en ello estoy. Aunque si en algún momento surgen en mí la ira o el enfado, permito que salgan de mi interior, que se manifiesten... de la mejor manera posible. Eso sí, procurando no quedarme enganchado a ellos.

    Porque eso sí que enferma... y mata.

    Etiquetas: Crecimiento personal

    autor: Carlos Lacomba Verdés    e. permanente |

    03 abril 2012

    El virus del SIDA en entredicho

    Clark Baker es un expolicía de Los Ángeles, y actualmente detective privado. En el 2009 creó la Office of Medical and Scientific Justice, que se dedica a proteger y defender a las víctimas y a los testigos de la corrupción médica y científica (como podréis imaginar, tiene enemigos a punta pala).

    En su asociación tiene un peso específico el HIV Innocence Group, que proporciona asesoramiento científico-técnico a los abogados que lo solicitan para poder defender mejor a personas que se enfrentan a acusaciones relacionadas con el supuesto VIH.

    Clark opina que este montaje llamado VIH/SIDA es la conspiración criminal más importante que nunca se ha creado, y que nunca se lo hubiera creído, a no ser porque él mismo se ha visto implicado de lleno en la investigación, tal como relata en este video:


    Esta declaración forma parte del reportaje SIDA, desmontando el pastel: una entrevista a Lluís Botinas, un experto que lleva décadas investigando la trama en torno al SIDA. Vale la pena que lo veáis para comprender mejor todo este asunto.

       

    Etiquetas: Salud, Vídeos

    autor: Carlos Lacomba Verdés    e. permanente |

    30 marzo 2012

    "Cosas curiosas y llamativas sobre alimentación" (resumen de la conferencia que di el 24-2-2012 en Bunyol)

    Etiquetas: Vídeos

    autor: Carlos Lacomba Verdés    e. permanente |

    27 marzo 2012

    Los perjuicios de la sal refinada

    Reconozco que cuando yo hablo de los comestibles refinados suelo hacer hincapié en el azúcar, el arroz y el pan blancos. Casi siempre los pongo como ejemplo. Y suelo dejar en un segundo plano otros comestibles (que no alimentos), como la sal o el aceite refinados. Pero no es que estos últimos tengan menos importancia. Ni mucho menos.

    Cuando hablamos de la sal acostumbramos a referirnos a ella como cloruro sódico (ClNa). Lo cual es perfectamente válido si hablamos de la sal refinada. Porque ésta es sólo eso: cloruro sódico y nada más. Sin embargo, la sal marina natural contiene cloruro sódico en casi un 90%, ¡pero también otros 82 elementos y oligoelementos! Y es precisamente ese 10% restante lo que le confiere al cloruro sódico de la sal un equilibrio perfecto, y lo que marca la diferencia entre un alimento saludable y un peligroso veneno a largo plazo.

    La idea de refinar la sal marina proviene del concepto de que ciertos alimentos sin refinar son sucios y poco higiénicos. Porque en una salina la sal adquiere distintos colores, y contiene pequeñas impurezas de forma natural. Pero por lo visto hay gente que piensa que un intenso y homogéneo color blanco representa mejor la idea de inmaculada pureza e higiene. Otra cosa muy distinta es que represente la de salubridad.

    Cuando se nos dice que la sal es perjudicial para la salud habría que añadir la sal... refinada. Mejor hablar con propiedad y poniendo cada cosa en su sitio. Así evitaremos algunos malentendidos.

    Conviene tener presente que todas las formas de vida del planeta Tierra provienen, originariamente, del mar. Y dichas formas de vida, incluyéndonos a nosotros, contienen en sus fluidos internos (sangre, plasma, savia, etc.) una solución salina análoga a la solución salina del mar... con todos y cada uno de sus componentes, no sólo dos (cloro y sodio). Por tanto, para mantener el equilibrio iónico de nuestro organismo, y para evitar todo tipo de disfunciones y enfermedades asociadas a éste, es necesario tomar una sal integral. Y la única sal integral que existe es, como no podía ser de otra manera, la que nos proporciona la Madre Naturaleza: la sal marina natural sin refinar.

    Con todo, detrás de este envenenamiento masivo, una vez más, existen intereses económicos y un desprecio por la vida humana. Sobre todo si tenemos en cuenta algunos datos interesantes. Por ejemplo: el 93% de la sal que se refina en el mundo se destina a fines industriales, otro 4% se emplea en la industria alimentaria, como conservante; y el 3% restante se destina a sal de mesa. O sea, que la sal refinada es un subproducto industrial en toda regla. ¿Y dónde están las ventajas de utilizar una sal refinada? Pues, fundamentalmente, que no se apelmaza. Todo un enorme logro en la historia de la Humanidad que ha supuesto un avance tremendo en nuestras vidas cotidianas: ¡que la sal no se apelmace! ¡Aleluya!

    Y ahora, una pequeña lista de los perjucios que ocasiona la sal refinada (OJO: y los comestibles que la contienen) y que NO ocasiona la sal marina natural:
    • retención de líquidos,
    • obesidad,
    • nefropatías (enfermedades renales),
    • celulitis,
    • esclerosis,
    • ácido úrico,
    • artritis,
    • cistitis,
    • cálculos biliares,
    • excitación, 
    • insomnio,
    • cansancio,
    • dependencias,
    • alopecia,
    • estreñimiento,
    • osteoporosis,
    • distintos tipos de cáncer, etc.
     ¿Y cómo evitar todo esto?

    Pues muy sencillo: consumiendo sal marina natural, sin refinar (¡y sin yodo ni flúor añadidos!).

    No me digáis que la Naturaleza no nos lo pone fácil, ¿eh?

    Etiquetas: Alimentación, Salud

    autor: Carlos Lacomba Verdés    e. permanente |

    24 marzo 2012

    ¿Os imagináis que el mundo fuera así?

    Pensémoslo por un momento: al mirar este vídeo nos quedamos sorprendidos. Puede, incluso, que nos dé la risa. Fundamentalmente, porque nos parecerá raro... ¡lo que tendría que ser normal entre los seres humanos!

    ¡Ay!, si el mundo fuera así... se acabarían de una vez por todas y para siempre muchos de nuestros problemas.

    Etiquetas: Vídeos

    autor: Carlos Lacomba Verdés    e. permanente |

    21 marzo 2012

    Ahora también escribo en "En Buenas Manos".

    Imagino que muchos/as de vosotros/as ya conocéis esta prestigiosa página, una de las más importantes y visitadas de España, y también una web de referencia que aborda distintos temas relacionados con la salud, las terapias naturales y el crecimiento personal.

    Contacté hace unas pocas semanas con Josep Vicent Arnau, naturópata, acupuntor y editor de la referida web.

    Quiero decir que desde el primer momento Josep me ha atendido de maravilla, mostrándose muy interesado por mi página y por los artículos que recoge, de tal manera que después de leer unos cuantos me abrió las puertas de la suya para colaborar en ella de vez en cuando.

    Fruto de esa empatía, se ha materializado ya mi primer artículo escrito en En Buenas Manos. Un artículo en el que hablo sobre la depresión desde un punto de vista holístico.

    Mi agradecimiento más sincero a Josep por su gran amabilidad.


    Mi artículo sobre la depresión en En Buenas Manos.

    www.enbuenasmanos.com

    Etiquetas: Páginas web

    autor: Carlos Lacomba Verdés    e. permanente |

    14 marzo 2012

    La faceta psicosomática de la fibromialgia

    Cada época tiene sus enfermedades, y la que hoy nos ocupa es una de las que caracteriza los tiempos modernos. Una afección que afecta a mujeres, sobre todo, y que se caracteriza por dolores musculares y óseos por todo el cuerpo. Dolores que suelen atenuarse en determinados momentos, pero que no llegan a desaparecer, y que pueden condicionar en gran medida la vida de quien la padece.

    En esta ocasión, me gustaría analizar la faceta psicosomática (que de ninguna manera pretende excluir su faceta física u orgánica) de esta enfermedad atendiendo a las frases que personas afectadas de fibromialgia utilizan frecuentemente para explicar lo que les sucede:
    • Me duele todo. La simbología implícita en esta frase, tan recurrente entre las afectadas, se cae por su propio peso: la persona ha llegado a un punto de hipersensibilidad (susceptibilidad) en el que un gran número de situaciones que derivan de su interacción con los demás resultan dolorosas (hirientes, humillantes, indignantes, etc.).
    • Incluso el menor roce (en la piel) me hace daño. Aquí también se pone de relieve esa susceptibilidad extrema de la que he hablado en el apartado anterior. Todos entendemos lo que significa tener roces con alguien, ¿no? Pues bien, en ciertas personas con fibromialgia incluso pequeños roces con los demás pueden llegar a vivirse de forma especialmente dolorosa.
    • Estoy cansada/agotada. Ese cansancio físico, acentuado y recurrente, delata un cansancio/agotamiento de determinadas situaciones, o de personas con las que se interactúa. Estoy cansada de que no me hagas caso. Estoy cansada de ti.
    • Me siento deprimida. La depresión alude a una experiencia en la que la persona siente su ánimo vencido ante unas circunstancias que no sabe cómo afrontar, y que le sobrepasan.
    • Me duele la cabeza. Lo que implica quebraderos de cabeza.
    • Se me olvidan las cosas. Desde el plano psicosomático la persona se ve obligada a vivir lo que debería ser capaz de trasladar al plano de la realidad, es decir: olvidar (muchas veces, perdonar) esas cosas que causan dolor, en vez de alimentarlas con pensamientos recurrentes u obsesivos, los cuales crean a su vez resentimiento y resquemor.
    • Tengo ansiedad. La persona ansía: bien ser ella misma (expresarse conforme a su propia idiosoncrasia), bien hacer cosas que no se permite hacer.
    Las personas afectadas de fibromialgia con las que he tenido ocasión de hablar han sido todas mujeres, y cada una de ellas, en mayor o menor grado, había experimentado de forma acentuada el sentimiento de no sentirse suficientemente amada, atendida, gratificada o considerada por el entorno familiar, filial (hijos), laboral o de pareja. En casi todas ellas existían grandes heridas abiertas del pasado, situaciones muy dolorosas que no fueron sanadas y que dejaron un poso amargo. Hechos, en definitiva, que suscitaron en ellas una predisposición al dolor, una hipersensibilidad (susceptibilidad) en la interacción con los demás, un sentimiento de sentirse abrumadas y sobrepasadas por unas circunstancias que no sabían cómo encarar. Circunstancias que requerían asertividad, para hacer partícipes a los demás de sus derechos, de sus necesidades; o como el valor, para marcar límites, para decir No o Basta a una situación insoportable, o, por ejemplo, para cortar una relación de pareja que ya no llena ni satisface y que se ha vuelto particularmente dolorosa.

    Etiquetas: Psicosomática

    autor: Carlos Lacomba Verdés    e. permanente |

    13 marzo 2012

    La Ley del Mínimo Esfuerzo

    Si nos paramos a observarla detenidamente, nos daremos cuenta de que la Naturaleza no se esfuerza para que los acontecmientos ocurran. Por ejemplo:
    • El caudal de un río siempre buscará la parte más baja del terreno para ayudarse de la fuerza de la gravedad y llegar hasta el mar.
    • Un animal sediento siempre buscará el itinerario más corto para llegar a un lugar donde haya agua.
    • Una madre que haya parido una camada, si tiene que elegir, siempre favorecerá a los cachorros más fuertes, pues a fin de cuentas son éstos los que más probabilidades tienen de perpetuar la especie, que es de lo que se trata.
    • Un primate masticará la fruta la cantidad justa y necesaria de veces antes de tragarla, pero nunca lo hará por exceso. No perderá su tiempo en algo innecesario.
    • Si un primate tiene prisa y puede bajar de un árbol dando un salto, lo hará de ese modo en vez de hacerlo por el tronco.
    O sea, que la Naturaleza y sus seres son prácticos. Nunca pierden el tiempo.

    Sin embargo, los seres humanos somos unos animales... un tanto peculiares, y tenemos la extraña habilidad de llevar al extremo algunas de las leyes de la Naturaleza. Como, por ejemplo, la Ley del Mínimo Esfuerzo.

    La vida moderna está salpicada de ejemplos al respecto:
    •  Microondas. El tiempo que se ahorra en la cocción de los alimentos no compensa la desvitalización de los mismos que comporta su uso.
    • Olla exprés. Consigue cocinar más rápido que una cacerola, pero aumentando mucho la presión en el agua, que hierve a 120º, con lo que se destruyen muchas vitaminas y nutrientes.
    • Arroz y pasta refinados. Desde luego que se cuecen en la mitad de tiempo que los integrales, pero no poseen prácticamente ningún valor nutritivo. O sea, que pagas por un comestible que no es que te aporte poco sino que roba nutrientes de tu organismo.
    • Automóvil. Lo lamentable es que se utilice de forma sistemática para desplazamientos cortos o urbanos... si lo que pretendemos es no contaminar aún más nuestro planeta. ¿No es contradictorio?
    • Medios de comunicación telemática (correo-e, Whatsapp, Messenger, sms, Facebook, etc.). Claro que pueden ser tremendamente socorridos, pero el abuso en la utilización de estas vías de comunicación interpersonal puede llevarnos a una deshumanización de las relaciones, a que se sustituyan los encuentros cara a cara por encuentros virtuales.
    • Dar portazo a una relación (pareja, familiar, amistad...) en cuanto ésta se tuerce. Todas las relaciones humanas tienen sus más y sus menos, sus encuentros y sus desencuentros, y ninguna está exenta de grandes retos. No obstante, encuentro demasiado habitual que se ponga punto y final a una relación sin haber hecho antes, aunque sea, un pequeño esfuerzo, un ejercicio de auténtica voluntad, para propiciar un acercamiento entre ambas partes.
    • Sumergirnos en una vorágine consumista que implique adquirir de forma recurrente productos o servicios, so pretexto de hacernos la vida más fácil y más cómoda, que en el fondo, o a la larga, supongan un atentado contra nuestro planeta, contra personas desfavorecidas u oprimidas o contra nuestra propia autoestima.
    • Dejarnos arrastrar por el miedo (lo cómodo, lo fácil), en vez de aplicar el amor en cualquiera de sus facetas (respeto, tolerancia, valor, sinceridad, confianza, saber escuchar...) para afrontar los retos del día a día, empezando por el muy noble de crecer interiormente.

    Etiquetas: Ensayos

    autor: Carlos Lacomba Verdés    e. permanente |

    06 marzo 2012

    ¿Por qué yo no uso un horno de microondas?

    Si vamos a hablar de este aparato tan socorrido y recurrente en las cocinas de la mayoría de hogares, conviene explicar antes cómo funciona.

    El referido electrodoméstico contiene un dispositivo denominado magnetrón, el cual genera microondas, un tipo de ondas electromagnéticas de alta energía.

    Los alimentos contienen agua en mayor o menor grado, y esas moléculas de agua son dipolos, es decir, que poseen un polo positivo y otro negativo (como un imán). Pues bien, la intensa radiación de microondas (cientos de veces superior a la de un teléfono móvil) que genera el horno a una determinada frecuencia (2450 MHz) provoca que esas moléculas de agua giren millones de veces por segundo en un sentido y otro, estableciendo la fricción de unas contra otras, y, por tanto, calentando el alimento.

    Alguien podría pensar ingenuamente que todo eso ocurre con la portezuela del microondas cerrada, y que por consiguiente no hay peligro para la persona. A fin de cuentas, cuando termina el proceso de calentamiento, suena la campanita y abrimos dicha portezuela ya no hay microondas que puedan afectarnos. Lo cual es cierto, sí. Tan cierto como que las microondas ya han afectado al alimento. Afectado, me refiero, negativamente.

    Los inconvenientes del horno microondas se desglosan en dos aspectos diferentes:

    1) Por una parte, la fricción molecular que provoca el calentamiento también afecta a otras moleculas del alimento que no son agua, rompiéndolas o alterándolas (por ejemplo, algunos aminoácidos pasan de su forma trans -saludable- a su forma cis -tóxica-; o la L-prolina se convierte en su isómero-d, el cual es neuro y nefrotóxico), de tal modo que cuando son ingeridas no son reconocidas como afines a nuestro organismo, el cual las trata como si fueran cuerpos extraños, activando el sistema inmunitario, sus defensas y la denominada leucocitosis digestiva. 

     O sea, que debido a esta alteración molecular los nutrientes que contienen los alimentos son, literalmente, convertidos en toxinas, y tratados como tales por nuestro organismo, el cual se defiende contra ellas.

    2) Los alimentos, al igual que las personas, poseen un campo bioelectrico (mensurable con una cámara Kirlian), cuya amplitud se corresponde con su grado de vitalidad, y el cual es completamente destruido por la radiación del horno microondas.

    Es decir, que lo que realmente da valor a un alimento, más incluso que su riqueza y calidad en determinados nutrientes, es su grado de vitalidad. O, dicho de otro modo: la capacidad que posee ese alimento para darnos vida.

    Dicha vitalidad se mide en unas unidades denominadas angstroms (Å).

    Las sustancias que vibran a más de 6500 Å nos dan vida, las que vibran a menos, nos la quitan. Una persona sana vibra en torno a 6500 Å, una fruta ecológica a 8000-12000 Å, la carne cocinada a unos 2000 Å, y un alimento cocinado o calentado en horno microondas vibra cercano a los  0 Å.

    La disyuntiva que pueda planteársele a algunas personas a la hora de decidir si siguen usando el microondas o si prescinden definitivamente de sus servicios puede resolverse fácilmente si uno se la plantea como:

    ¿Qué vale más, la comodidad y el ahorro de tiempo o mi salud a largo plazo?
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    Referencias científicas:

    - Dr. Hans Ulrich Hertel, Universidad de Lausana (Suiza).
    - Atlantis Raising Educational Center, Portland, Oregon.
    - Dra. Lita Lee, Health Effects of Microware Radiation-Microwave Ovens.
    -  Robert O. Becker, The Body Electric.
    -  William P. Kopp, A.R.E.C. Research Operation.
    -  Humbolt-Universitat de Berlín (1942-1943). 
    -  Instituto de Radio Tecnología de Kinsk, Bielorrusia.

    CONCLUSIONES de los estudios científicos clínicos suizos, rusos y alemanes:
    1. El consumo continuado de alimentos procesados en horno microondas causa daño cerebral permanente a traves de poner en cortocircuito los impulsos eléctricos en el cerebro (despolarizando y desmagnetizando el tejido cerebral).
    2. El cuerpo humano no puede metabolizar los productos desconocidos que se crean en los alimentos expuestos a microondas.
    3. El consumo continuado de alimentos procesados en horno microondas detiene y/o altera la producción de hormonas femeninas y masculinas.
    4. Los efectos de los nuevos productos formados en alimentos expuestos a microondas son permanentes en el cuerpo humano.
    5. Se reducen o alteran los minerales, vitaminas y nutrientes de todos los alimentos procesados en microondas de forma que el cuerpo humano se queda con poco o nada, o absorbe compuestos alterados que no pueden asimilarse.
    6. Los minerales de los vegetales, cuando se los cocina en horno microondas, se convierten en radicales libres cancerígenos.
    7. Los alimentos procesados en microondas causan crecimientos cancerosos en el estómago y los intestinos. Esto puede explicar el rápido incremento en la tasa de cáncer de colon en América.
    8. El consumo prolongado de alimentos procesados en microondas causa un aumento de células cancerosas en la sangre humana.
    9. El consumo continuado de alimentos procesados en microondas causa deficiencias en el sistema inmune a través de alteraciones en la glándula linfática y suero sanguíneo.
    10. El consumo de alimentos procesados en microondas provoca pérdida de memoria, de concentración, inestabilidad emocional y reducción de la inteligencia.

    Etiquetas: Alimentación, Salud

    autor: Carlos Lacomba Verdés    e. permanente |

    05 marzo 2012

    TALLERES PARA APRENDER A

    COMER EQUILIBRADAMENTE
    PRÓXIMA CONVOCATORIA:

    Fecha:
    sábado, 10 de marzo.
    Hora: 10:30 a 19:30h. (3 pausas, 1 de ellas para comer).
    Lugar: La Sala de Blanca; Calle Músico Luis Ayllón, 3; 12ª.; Bunyol (Valencia).
    Aportación: 65 €+(opcional) 5 € menú ecológico al mediodía (también puedes llevarte tu propia comida, si lo deseas).



    Aprenderás:

    • A conocer y a utilizar el alimento más importante de todos cuantos existen.
    • La diferencia entre alimentos y comestibles, y por qué los primeros nos benefician y nos perjudican los segundos.
    • La relación entre la masticación, la asimilación de los nutrientes y el aprendizaje.
    • A combinar correctamente los alimentos para evitar la formación de toxinas en el organismo.
    • A mantener un peso adecuado comiendo los alimentos que te gustan.
    • Qué hábitos son saludables y cuáles no a la hora de alimentarse.
    • A reconocer qué alimentos son los más adecuados para nosotros en función de la anatomía de nuestro cuerpo.
    • Qué papel deben desempeñar  las frutas y las verduras en la alimentación diaria.
    • Por qué y de qué manera los alimentos integrales mantienen nuestra integridad física y mental.
    • Por qué el concepto de calorías está anticuado y es poco útil. Y por qué es más adecuado el concepto de vitalidad.
    • Cuáles son los efectos de los alimentos sobre el cuerpo, la mente y las emociones.
    • Ejemplos de desayunos, comidas y cenas saludables.
    • Cuáles son los utensilios, menaje y métodos específicos para cocinar con armonía.
    • La importancia del agua como alimento y como depuradora del organismo. Métodos caseros para obtener un agua de calidad.
    • La gran verdad que hay detrás del dicho: De lo que se come, se cría.
    • Cómo conseguir que tu alimentación se convierta en tu medicina y te permita mejorar tu salud.
    • Por qué a veces el alimento se utiliza como suplente de la realidad.
    • Cuál es la simbología de la alimentación, de algunos alimentos y del acto de sentarse a la mesa.
    • Cuál es el origen emocional de las enfermedades digestivas.
    • Cómo adaptar la alimentación a tus circunstancias y necesidades personales.



    Más información y reservas: 669 542 765

    Etiquetas: Eventos

    autor: Carlos Lacomba Verdés    e. permanente |

    02 marzo 2012

    ¿Qué ha hecho Islandia para remontar la Crisis?

    Islandia: el país-isla de los mil lagos, de los géiseres, el país donde en verano no se pone el Sol por la noche, el país de la cantante Björk... Un país otrora rico y con un gran bienestar social que, sin embargo, no ha escapado al azote de la crisis económica actual.

    A este respecto, ya en 2008 se nacionalizó su primer banco. Al poco, se desplomó la moneda y el país entró en bancarrota.

    En 2009 el pueblo en masa protesta frente al parlamento, consigue que se convoquen elecciones anticipadas  y que dimita el primer ministro y su gobierno en bloque. Pero sigue la crisis... A continuación se propone una ley para la devolución de 3.500 millones de euros a Gran Bretaña y Holanda, una deuda que pagarían todas las familias islandesas mensualmente durante los próximos 15 años.

    En 2010 la gente se echa de nuevo a la calle y pide someter la citada ley a referéndum, arrasando finalmente el No. Entonces se produce el impago de la deuda. Asimismo, el gobierno inicia una investigación para depurar responsabilidades y varios banqueros y altos ejecutivos son detenidos y encarcelados como corresponsables de la crisis en el país. Por otro lado, se elige una asamblea ciudadana (formada por 25 ciudadanos sin filiación política) para redactar una nueva constitución.

    Y el caso es que estas medidas singulares, a fecha de hoy, están dando sus frutos, porque mientras que en los países del entorno europeo (incluyendo España) aún no se ve la luz al final del túnel, Islandia ya está experimentando una nueva fase de recuperación económica (según indica un informe del FMI).

    En fin, que cualquier parecido con España es pura coincidencia.

    Sin embargo, lo curioso de todo este asunto es que unos acontecimientos tan extraordinariamente importantes como estos no han salido en los telediarios, ni se han comentado en las tertulias radiofónicas, ni tan siquiera en los periódicos de mayor tirada. A lo que se hace necesaria una pregunta: ¿POR QUÉ?

    Mi respuesta sería: PORQUE no interesa. PORQUE esta crisis no es más que un invento de los arquitectos financieros (sus verdaderos artífices) que, sirven sin el menor atisbo de moralidad, a los intereses de unas cuantas supermultinacionales, cuyos dueños son los que verdaderamente gobiernan el mundo.

    Pero lo más patético de esta historia es que nosotros los mantenemos ahí, en sus puestos, y en su infame opulencia, en tanto en cuanto compramos lo que nos venden, y en tanto en cuanto no tenemos las agallas necesarias para unirnos, codo con codo, y emprender, de una vez por todas, una auténtica revolución ciudadana.

    Porque sólo de esa forma conseguiríamos dar un paso de gigante en la superación de esta crisis; y que la palabra democracia recuperase su significado original, es decir: GOBIERNO DEL PUEBLO.

    Etiquetas: Varios

    autor: Carlos Lacomba Verdés    e. permanente |


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    Todos los artí­culos (excepto aquéllos en los que se da a entender lo contrario) han sido escritos

    por Carlos Lacomba Verdés, y están basados en su experiencia personal y profesional.

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